Guayasamín i el seus amics catalans

17 de septiembre 2020 — 24 de octubre 2020

Compártelo en

La relación de Oswaldo Guayasamín (Quito, 1919 – Baltimore, 1999) con Barcelona empieza en un encuentro a principios de 1970 con el ceramista Antoni Cumella i Serret (Granollers, 1913 – 1985), quien junto con Modest Cuixart i Tàpies (Barcelona, 1925 – Palamós, 2007) los presenta al matrimonio de Montserrat Ponsa i Tarrés (El Pont de Vilomara, 1937) y el doctor Oriol Montaña. Este encuentro es el nacimiento de una gran amistad, fruto de una infinidad de conversaciones entre estos tres artistas en el hogar del matrimonio Montaña i Ponsa, y a quién Guayasamín acabaría retratando en dos de las obras de la exposición, Montserrat Ponsa y Oriol Montaña (hacia 1973). Guayasamín acabaría considerando matrimonio Montaña y Ponsa como su segunda familia y no vendría nunca en España sin visitar primero a la pareja para encontrarse también con sus dos grandes amigos catalanes, Antoni Cumella y Modest Cuixart.

La relación de Guayasamín con Barcelona, pero, ya viene de antes: el septiembre de 1955 y con ocasión de la III Bienal Hispanoamericana de Arte celebrada en el Parque de la Ciutadella, ganaba el gran premio con la obra El ataúd blanco; y el diciembre de 1972 exponía La edad de la ira al Palacio de la Virreina: una serie de cincuenta y un murales que fueron un acontecimiento artístico por su impresionante visión trágica de la lucha del hombre contra el hombre. Lucha que podemos observar en obras como Maternidad y Madre y niño (hacia 1990), donde a menudo dos rostros acaban convirtiéndose en una suela demasiada en lucha. Antes de viajar a España, Guayasamín ya disfrutaba de fama internacional. En 1941, Nelson Rockefeller le compraba hasta cinco obras y el Departamento de Estado Norteamericano lo invitaba a hacer varias exposiciones por Washington, Nueva York, Chicago, Detroit, San Francisco y Kansas. También ha pintado varias personalidades políticas como Salvador Allende, François y Danielle Mitterrand, Rigoberta Menchú y Pascual Maragall, además de forjar una gran amistad con Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez y Fidel Castro, a quién retrató hasta seis veces.

Cumella fue un grande enamorado de Antoni Gaudí. El año 1964 presentaba probablemente su obra más ambiciosa: Homage to Gaudí al Pabellón de España a la Feria Mundial de Nueva York. Se trataba de un inmenso moral compuesto por varias placas, de forma rebuscada tanto por los dibujos gaudinians como por los positivos-negativos claroscuros de sus formas. Una gran pieza que nos recuerda al Plafón de gres esmaltado de esta muestra realizado solo dos años después, en 1966. No solo gaudiniana, la trayectoria de Cumella también bebió de quién podemos considerar su padrino: Josep Llorens i Artigas (Barcelona, 1892 – 1980), con quién compartió el gusto por la cerámica y los jarrones que llenan la exposición. Destaca por encima de todo, una pequeña pieza del año 1984 con una gran influencia mironiana de tonos azules.

La trayectoria de Cuixart es igual de reveladora: cofundador del grupo Dau al Set junto con Joan Brossa, Arnau Puig, Joan Ponç, Antoni Tàpies i Joan-Josep Tharrats en 1948. Del mismo modo que Cumella, su formación pasó por París y la relación con Llorens i Artigas. Cuixart se instalaba en la ciudad en 1958 y un año antes conocía a Picasso. Un año después, conseguía exponer en Kassel, Londres, París y Lausana, donde ganaba el Primer Premio de Pintura Abstracta; también lo haría a São Paulo con el Grand Prix de Pintura en la Quinta Bienal de Pintura. Su culminación artística, pero, llegaba en 1982 con la Cruz de Sant Jordi, otorgada también a su amigo Cumella. A la obra de Cuixart predominan los colores arenosos, los mismos que Guayasamín utiliza para posar en lucha a sus figuras; colores de texturas que a la vez recuerdan en la tierra y a los jarrones de Cumella.