Esegé. Barcelonejant amb 1.000 ninots

1 de marzo 2021 — 30 de abril 2021

Glamour y decadencia hacen modernidad. Gothsland presenta una exposición entre dos miradas que eclosionan a finales del siglo XIX y a principios del XX. Dos miradas: una glamourosa, que exhibe las excelencias de la burguesía y la Modernidad; la otra, la decadente, sin la cual uno no se podía considerar moderno.

Las obras de Lluís Graner son un gran ejemplo de la Modernidad pictórica catalana. El juego de intensidades con los colores y luz recuerdan también a las obras del catalán más impresionista, Joaquim Mir, pero también quedan demostradas en óleo sobre tela El surtidor del monasterio (Sant Jeroni de la Murtra) de Eliseu Meifrén. En ambos autores, el color y su intensidad, los matices de luz que dan a sus lienzos, parecen ser más importantes que cualquier tipo de realismo. Son obras llenas de colores vivos que se apoderan de la pintura y viven en una temporalidad muy diferente a la de aquellas figuras que retratan: una temporalidad condicionada, otra vez, por la fotografía y el cine, productos ligados a la revolución industrial, culpable y precursora de los cambios que se dieron a finales del siglo XIX y a principios del XX.

Se trata una decadencia que contrasta con un cierto tipo de glamour, una mirada, sobretodo, al glamour parisino. Xavier Gosé no pinta ni figuras decadentes ni las víctimas de la derrota española, Gosé pinta la burguesía a partir de una mirada parisina; la suya es una nueva mirada que atropella la historia más reciente de su país. El artista trabajó en numerosas revistas de moda parisinas y así lo demuestra en este trabajo: personajes muy caricaturescos o ligeramente estilizados con ropas que no tienen nada que ver con la de los personajes de un Graner o un Isidre Nonell.

Una muestra que trata de las tensiones entre la decadencia profunda de toda una época y el nacimiento de otra de más glamourosa, un paisaje histórico cambiante como los mismos personajes que pinta Joaquim Mir, llenos de colores y intensidades, naturalezas cambiantes como las que podría pintar Paul Cézanne y que transforman una mirada y su presente, y en este caso, que lo empujan hacia una Modernidad sin precedentes.